En un día cualquiera en Culiacán, una bellísima ciudad de poco menos de un millón de habitantes enclavada en un fértil valle con tres ríos, parecería que se tiene todo lo necesario y mas, para vivir tranquilamente y sin preocupaciones, tierra, agua, un clima ligeramente extremoso una parte del año compensado con las mujeres mas bellas del país, pero, para un pequeño y cada vez mas creciente numero de personas, los factores anteriores y todo lo que eso conlleva no son suficientes. Esas personas, narcotraficantes, comúnmente conocidas como narcos, usan la tierra y el agua para sembrar drogas y enervantes, obteniendo con ellos jugosísimas ganancias con las que buscan mantener un estilo de vida “buchon”, que básicamente significa nuevo rico u/o personas que desean aparentar su prosperidad de un modo excesivo, con joyas llamativas en exceso y camionetas de lujo, ultimo modelo.
Esta noche hace menos de una hora, siendo las 12:04 PM, fui testigo de la ancestral conducta, de la narcocultura, que caracteriza a nuestro estado:
11:15 PM En la calle Antonio Rosales esquina con la avenida Obregón, un automóvil es interceptado por un comando armado que acribilla sin piedad con múltiples series de disparos, dejando a merced de unos trozos de plomo la vida de decenas de personas, quienes corren a refugiarse tras el Kiosco de la plazuela Obregón y aun mas allá, por la calle Ángel Flores en dirección a las oficinas del periódico Noroeste. Escucho todo y me apresuro a ver lo que sucede con mis propios ojos, corriendo desde el lugar en el que me encontraba, en la entrada de la Escuela de Artes Plásticas de la UAS, donde observo una camioneta Lobo dando reversa a una velocidad tal que me asusta, echando a andar mi mente, pensando que huye de ráfagas de balas.
11: 17 PM Me encuentro en la esquina entre Obregón y Ángel Flores, cruzando la calle, agentes federales llevan presurosos a un agente herido. La conmoción entre las personas no es para mas, una docena de personas ha presenciado los hecho y una mujer de alrededor de sesenta años yace en una crisis nerviosa al borde del desmayo en la calle, en sus propias palabras:”sentí como las balas me pasaron por las piernas, me tire a la basura muerta de miedo”. Para este momento hay en las esquinas de esta concurrida avenida, arteria de nuestra tranquila ciudad, alrededor de cincuenta personas, entre testigos y mirones que buscan enterarse de los hechos.
11:28 PM Arriban al lugar de los hechos tres camionetas con agentes federales, que bajan presurosos a hacer labores de seguridad y peritaje, casi quince minutos después de los crueles hechos que han dejado conmocionadas a tantas personas, mujeres que corrieron zapatillas en mano, taxistas escondidos detrás del kiosco y personas, todas en general que cada vez pierden mas su confianza en el gobierno que hemos tenido en bien, colocar en el poder.